Ulf Linde nació el 15 de abril de 1929 en Estocolmo. Es crítico de arte, escritor, hombre de museos y músico de jazz. Fue elegido miembro de la Academia Sueca el 10 de febrero de 1977 y tomó posesión del cargo el 20 de diciembre del mismo año. Linde sucedió al escritor Eyvind Johnson en el Sillón número 11. Durante muchos años ha sido jefe de la Galería Thielska de Estocolmo. Ha sido galardonado con el Premio Kellgren en 1987, con el Premio Gerard Bonnier en 1996 y con el Premio Pilot en 1997.
Tras obtener el título de bachiller en 1947, actuó como músico de jazz a principios de los años cincuenta, concretamente como renombrado vibrafonista con orientación de bebop. Estudió en la Escuela Superior de Estocolmo, primero química y después etnografía, filosofía teórica, historia del arte y, tomando lecciones privadas de Karl Birger Blomdahl, composición. Escribió la música para la película Mästerdetektiven och Rasmus (“El detective jefe y Rasmus”) en 1953.
Sin embargo, no fue la música, sino el arte, lo que se convirtió en su carrera profesional, aunque sin abandonar el jazz como trasfondo. Igual que el oyente se comporta con la música como un amante, el contemplador de arte se invierte a sí mismo en la obra de arte. Este convencimiento era la condición básica para poder elevar la crítica del arte a un arte en el sentido puro del término. Todo se trata de responder al trato propio del arte, y de escribir, cueste lo que cueste, de forma musical.
En vez de obtener un título universitario, Ulf Linde fue entre 1951 y 1956 ayudante en el Consejo Sueco de Arte, precedente de la Asociación Sueca de Artes Itinerantes. En 1952 empezó a escribir crítica de arte y desde 1956 hasta 1968 formó parte de la plantilla del diario Dagens Nyheter. En 1967 fue elegido miembro de la Academia de Artes. Ocupó entre 1968 y 1976 la cátedra recién implantada en Teoría del Arte Moderno en la Escuela Superior de Artes de Estocolmo. En 1977, el mismo año en que fue elegido miembro de la Academia Sueca, fue nombrado jefe de la Galería Thielska, cargo que desempeñó durante veinte años hasta que se jubiló en 1997.
Su diligente actividad de crítica literaria ha producido, no sin cierta sorpresa, pocas obras grandes y de autoridad; más bien ha sido una casi incalculable cantidad de ensayos dispersos, textos breves y tiradas adicionales, y durante mucho tiempo fue prácticamente imposible formarse una idea de conjunto de su obra literaria sobre crítica de arte. Lo cual no es así hoy día. En los últimos tiempos han visto la luz del día tres voluminosas obras. El primer volumen recopilatorio es el tomo de 550 páginas Efter hand (1985), una obra de referencia sobre la crítica sueca de arte en la segunda mitad del siglo, pero también una serie de textos sobre arquitectura y literatura. Le siguió un volumen que se extiende desde 1985, año también particularmente productivo, con textos sobre todo de su revista preferida: Artes, la revista realizada conjuntamente por las academias que Linde, junto con Östen Sjöstrand convirtió en una voz digna de hacerse oír. Este volumen se tituló Svar (1999; “La respuesta”), y el mismo año apareció también Presentationer (1999; “Presentaciones”), con las breves presentaciones que Linde hacía de los artistas que exponían sus obras en la Galería Thielska. En Presentationer destaca particularmente el estilo único de Linde; el microestilista Linde, con escasas palabras bien elegidas en un ingenioso conjunto de frases, resalta la individualidad peculiar de ochenta artistas.
De alguna manera, ya el escueto volumen que sentó las bases para la celebridad de Ulf Linde era un volumen recopilatorio. Se editó durante el memorable año de 1960. Con Spejare (“Scouts”) la crítica sueca de arte obtuvo la precisión analítica e intuitiva de la que había carecido hasta ese momento. Linde recopiló una serie de artículos del diario Dagens Nyheter sobre sus preferidos Picasso y Duchamp y sobre el “arte informal” (Michaux, Dubuffet, Pollock, entre otros), partiendo de un nuevo modo de la teoría del arte. Esto fue presentado el mismo año en “Det ahlinska alternativet” (“La alternativa ahliniana”), un ensayo ya clásico editado en la Revista Literaria Bonniers sobre el escritor Lars Ahlin: “el método de Ahlin parece ofrecer en la actualidad una salida a la situación que se caracteriza por dos teorías en camino de descomponerse y resultar inservibles para un crítico. Sobre todo para un crítico de imágenes. Una de las teorías afirma que la obra de arte encuentra su valor por el hecho de funcionar como un organismo, que todos sus elementos se pueden explicar desde ellos mismos o desde un principio subyacente. La otra teoría mantiene que habría algo en la “naturaleza”, “realidad”, que exige una cierta forma artística –si ello se cumple, la obra es “verdadera” y, por tanto, buena–.
La alternativa de Ahlin era, según Linde, compenetración, pero no “compenetración con el motivo, lo reflejado”, sino “una compenetración en el medio del arte: colores y formas en el caso de las imágenes, texto si se trata de literatura”. Ese era el fundamento de la afirmación de Linde sobre la “estética abierta”. La obra es, como mucho, una partitura a medio terminar antes de ser representada. Sólo cuando se produce el encuentro individual con quien contempla, se consuma la obra de arte.
La visión del arte de Linde está, en otras palabras, perfectamente adaptada a un arte modernista abierto del tipo de los dadaístas, los cubistas, Matisse o Duchamp; Linde ha escrito ensayos fundamentales sobre prácticamente todos los clásicos del modernismo. Su continuo trabajo con Duchamp culminó en 1986 en el voluminoso texto Marcel Duchamp. Otros importantes textos sobre artistas suecos son, por ejemplo, Lennart Rodhe (1962), Siri Derkert (1964) y Ragnar Sandberg (1979). En el texto sobre Dawid titulado Mot fotografiet (1989; “Contra la fotografía”), argumenta elocuentemente su aversión al arte de la fotografía. En los últimos decenios también ha retornado a la historia del arte, con importantes ensayos sobre Goya, Watteau y, sobre todo, Piero della Francesca.
Su tozudo convencimiento modernista lo ha convertido en la diana de teóricos del arte con orientación posmodernista. No obstante, nunca ha dudado en responder a los ataques, y varios de sus debates contra el enemigo, por ejemplo, la redacción de la revista Materia, reimprimida en Svar [“Respuesta”], ofrecen un panorama ejemplar de un tiempo de ruptura en la historia de la estética.
El interés de Ulf Linde por la literatura, iniciado en los precoces análisis de Ahlin, ha dado sus frutos en hermosas lecturas –sobre todo de Eyvind Jonson, en el discurso de toma de posesión en la Academia Sueca, de Östen Sjöstrand, Nelly Sachs, Mallarmé, Bengt Emil Jonson y André Breton– y en un magnífico volumen de traducciones con poemas de Wallace Stevens Om att bara finnas (1998; “Sobre el mero hecho de existir”).